Confesiones de un gusano en proceso de transformación.

Confieso que dudé insoportablemente sobre qué nombre ponerle a este blog. Es que los inseguros no tenemos descanso de nosotros mismos.

Primero me rendí ante el apremio de las palabras que se me iban atropellando en la garganta y necesitaban salir. Pensé en un nombre que ya hace tiempo venía masticando en la mente: “gritándole al vacío”. O en su english version, “screaming into the void”. Pero no estaba disponible como dominio.

-Por supuesto que no está disponible, Ailén, ¿sabés cuántas gente pensó ya en ese título para su propio blog catártico de mierda? ¿Te creés especial? -No, la verdad que no, superyo. No me creo especial. Simplemente soy una obse más en estado de desesperación que no tiene tiempo para pensar en EL NOMBRE IDEAL porque cada minuto que pasa, mi cuerpo se retuerce más y más de tanto guardar y guardar.

Basta de guardar. El que sigue.

Entonces pensé que podía ser algo que se refiera a la necesidad de conectar con otras personas, que es un motivo subyacente siempre del que escribe. Eso de gritarle al vacío es mentira como deseo. Lo que queremos en realidad, es que del otro lado alguien nos escuche. Y ahí salió “el tejedor de redes”. Dominio disponible, así que ¡anotación! ¡gol! ¡strike!. Quedó. Ese fue el nombre con el que inicié el día de ayer.

Pero hoy, día 1 del mes de enero del año 2026, me levanté masticando un par de epifanías. O como me gusta decir a mí, “epifaniando”. No existe esa palabra en castellano per se -todavía- pero claramente se puede inferir que es como “reflexionar sobre algo que termina siendo una revelación”. Pero en forma de verbo. Epifaniando.

Entonces les decía. La primera cosa sobre la que epifaniaba, era que la fecha en la que empezaba con este blog, justo coincidía con el cambio de año. No fue a propósito, de verdad se los digo. Sucedió sólo. Vengo ya hace rato arrastrando un proceso cuya evolución me empujó a empezar este blog. Y me encontré coincidiendo justo con esta transición temporal. Es interesante. ¿O no? Qué se yo. Valía la pena mencionarlo.

Y después, la segunda cosa sobre la que me levanté epifaniando -y la más importante-, es que la necesidad de conexión no era realmente la razón fundamental de ser de este blog. Hay algo más, anterior a eso, que apremia mucho más y es la necesidad de cambiar. De transformarme. ... de crecer.

Sería irresponsable decir que me encuentro en mi momento óptimo para iniciar la búsqueda de nuevos horizontes o vínculos mejores que los que venía arrastrando hasta ayer. No estoy lista para ninguna cosa. Estoy enredada, envuelta en una maraña de dudas y certezas, con desfasajes temporales entre mi sentir y mi pensar que necesito conciliar. Hay renuncias y pérdidas ocurriendo adentro mío, al mismo tiempo que hay semillas echando raíz, para iniciar algo nuevo.

En otras palabras, estoy en crisis.

Pero de esas crisis buenas -he tenido crisis malas-, una crisis que huele más a futuro prometedor que a herida vieja y vetusta, como otras veces. Pero aún siendo así, estoy justo en el medio de la crisis. En el medio, justo ahí donde ocurre la metamorfosis. Es un lugar incómodo, y ciertamente no es para quedarse. Pero es un buen punto de partida. El cambio. La transformación. La metamorfosis.

“Confiá en el proceso”, dice mi psicólogo.

Bueno, confiar no sé. Pero lo podemos documentar.

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